PESTAÑAS

viernes, 16 de noviembre de 2012

Drogas en el Embarazo


Consumo de drogas en el embarazo

El uso de las drogas adictivas es un fenómeno que se remonta a los años 60, cuando la generación hippie empezó a consumirlas en forma comunitaria como una forma de rebelarse contra una serie de comportamientos sociales de la época. Muchas mujeres se embarazaron y tuvieron hijos que sufrieron exposición a drogas in utero, lo que dio origen a la descripción de sus consecuencias en la literatura. En ese entonces se comenzó a hablar de la acción potencialmente teratógena de las drogas lícitas, como el tabaco y el alcohol, y de las ilícitas; en los años 70 se describió algunos resultados neonatales de la adicción al opio y al alcohol en las embarazadas y se hizo notar que los hijos de mujeres alcohólicas o drogadictas podían presentar síntomas de abstinencia, especialmente en el caso de la heroína o metadona, que actualmente son menos populares. En los años 80, la atención comenzó a focalizarse en la cocaína, a medida que ésta se hizo más popular. Incluso se pudo establecer un perfil psicosocial de la embarazada adicta, lo que permitía captarla mediante una encuesta social. 

Las embarazadas adictas, generalmente, son hijas de padres adictos, particularmente alcohólicos; hay una alta proporción de abuso sexual temprano: entre 30% y 50% de ellas refieren el antecedente de abuso sexual, de otro tipo o abandono durante la niñez. Cuando inician la actividad sexual continúan relacionándose con hombres adictos o alcohólicos, por lo que a menudo son víctimas de violencia intrafamiliar y de diversos desórdenes psiquiátricos. 

Esta forma de alteración mental–social, en que parece que las percepciones, los valores morales y la ética están totalmente transformadas, sería muy difícil de revertir. 

Efectos de la exposición fetal a drogas
El sistema nervioso central se desarrolla gracias a una compleja interacción entre genes, ambiente y un programa de desarrollo específico, aunque aún no está claro cuál es el peso relativo de cada uno de estos factores. La programación de la maduración se inicia a los 28 días de gestación. En ese momento el embrión, que debe medir 1 cm, inicia el desarrollo del tubo neural y comienza a inducir la maduración del futuro sistema nervioso central. Posteriormente, en la lactancia y la niñez, actúan otros estimulantes de esta maduración, como la crianza, los vínculos que se establecen con la familia, etc. 
Por lo tanto, las noxas afectarán el desarrollo del sistema nervioso, dependiendo del tiempo de exposición, de la protección frente a ella y del momento de la gestación o de la vida en que se presenten. 

Una especulación que podría tener alguna base plantea que el consumo de drogas en la embarazada condiciona un sustrato neurológico que aumenta la tendencia al consumo de drogas o a la búsqueda de las conductas relacionadas durante la vida adulta del individuo. Esto explicaría que los adictos sean hijos de adictos o de alcohólicos y que gusten de exponerse a situaciones vitales o deportivas arriesgadas y extremas, actitudes que reflejarían la impronta de una alteración precoz que se traduciría en la necesidad de una cantidad mayor de adrenalina en sus interrelaciones neuronales. 

Los desórdenes del desarrollo del sistema nervioso central son de dos clases: los que ocurren en la primera mitad de la gestación, y que comprometen la citogénesis de las neuronas y la migración celular; y los que ocurren en la segunda mitad de la gestación, que afectan el crecimiento cerebral y su diferenciación. El cerebro se desarrolla siguiendo un orden, partiendo por la migración de la neurona, la organización y la mielinización. La organización es un proceso de conexión o de “alambrado” del sistema nervioso central, que comienza entre el quinto y el sexto mes de gestación y sigue ocurriendo hasta el primer año de vida. Gracias a este proceso se producen las comunicaciones de célula a célula y se organizan e integran los sistemas. 

En este momento ocurre también la apoptosis, un proceso que eventualmente puede ser reversible y que consiste en la programación de las células para la autodestrucción. Cuando actúa una noxa en ciertos sectores, la apoptosis se puede revertir para evitar la muerte de algunas neuronas o células destinadas a morir, como una forma de compensar la muerte de células vecinas causadas por la noxa. Esto podría afectar el funcionamiento de toda la comunidad neuronal que está organizándose. También hay alteraciones que determinan algún grado de hipersensibilidad o bien una pobre modulación del comportamiento, y es un momento importante para la incorporación de la información neurosensorial. 

Este es un proceso más bien de la segunda etapa del embarazo, de modo que se debe incentivar a la madre adicta para que abandone la droga en este momento, aunque haya sido consumidora en el primer semestre, porque en el segundo y tercer trimestres ocurren episodios tan importantes para el feto que, de todos modos, éste se va a beneficiar y también ella, si aprovecha este momento para tratarse y salir de su adicción. 

En el cerebro fetal que está en desarrollo, todas las drogas, como el alcohol, la nicotina, los narcóticos, los opioides, etc., pueden actuar como teratógenos, según el momento de la exposición, y todos estos agentes pueden alterar, tanto el desarrollo del cerebro fetal como su función. Ciertos modelos animales han permitido eliminar algunas variables postnatales del ambiente físico o psicológico, y así se ha demostrado que estas alteraciones pueden ocurrir independientemente del lugar donde nace, del nivel socioeconómico y del trato que se tenga con el animal recién nacido, o sea, que hay una impronta in utero que va a seguir su evolución.

El compromiso más persistente es el de los sistemas de neurotransmisores que participan en las funciones de atención y afecto de estos niños, algo bastante difícil de medir; los trastornos de este tipo se suelen atribuir a la falta de atención y cuidado, o a la mala relación de la madre con su niño. También se altera la calma de la persona que está a cargo del niño, porque no logra controlar el llanto de éste por los medios habituales. Son niños irritables, inquietos y carentes de afecto. Esto no es fácil de medir, pero los psicólogos pueden hacerlo. 

En un estudio sobre la incidencia del consumo de una droga en los Estados Unidos, en que se clasificó como tal los canabinoides, la heroína y la cocaína, se describió una incidencia de 8% a 12% en cualquier momento del embarazo, o sea, alrededor de 10 de cada 100 mujeres embarazadas habían consumido drogas, conclusión que resulta impresionante. No hay cifras de Chile. 


Frente a esta situación, el pediatra no sólo debe enfrentar a la madre sino que tiene que ocuparse el niño; el médico, en general, debe velar por la protección del más desvalido, que es uno de los derechos del niño. En tal sentido, se entrega cierta autonomía a los médicos que están a cargo de los niños para que tomen la decisión de protegerlos ante su madre, si sospechan que ella no podrá darles el cuidado debido. Además, estas madres muestran una alta incidencia de enfermedades como la hepatitis B, suelen ser portadoras del VIH o de otras enfermedades de transmisión sexual, y sufren de una mayor incidencia de patologías perinatales, es decir, la situación pasa a ser un problema del binomio madre-hijo.

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